Una crítica radical del mercado de trabajo: la renta básica.
En los últimos días ha aparecido en los diversos medios de comunicación de masas una impactante campaña de publicidad del Gobierno de Canarias para publicitar las medidas de éste para luchar contra la crisis. Desde lemas como "4 Millones de Euros en ayudas para pagar luz, alquiler y agua" a una página web dedicada por completo a ello (www.medidasanticrisisencanarias.org), sin dejar de lado la famosa y polémica iniciativa para repartir alimentos entre los más necesitados, la idea que se pretende transmitir es que el Gobierno quiere ayudar a los más necesitados, fundamentalmente a todos aquellos que, debido a la crisis económica, se han visto privados de sus empleos y por tanto de su principal sustento económico. Que el desempleo sea para la mayoría de los ciudadanos la consecuencia más directamente perceptible de una crisis económica no es nada nuevo. En realidad, a partir de la crisis del petróleo de 1973, en la mayoría de países occidentales se ha venido consolidando todo un abanico de políticas que intenta corregir las asimetrías estructurales del mercado de trabajo, que se centran en cuatro áreas: libertad de coalición para la oferta (posibilidad de crear sindicatos), restricción de la oferta, medidas de subsistencia independientes del mercado de trabajo y políticas de formación continúa y ocupacional. Desde las teorías críticas del mercado de trabajo se plantea que éste cumple una doble función social. Por una parte, suministra al sistema productivo mano de obra, es decir, personas que participan en la fabricación de los bienes y servicios de una sociedad, que constituyen su riqueza. Por otra, provee a la mayoría de los miembros de la sociedad de los recursos necesarios para la subsistencia, y por lo tanto, para la reproducción de esa misma fuerza de trabajo. Como la mayoría de las personas han de trabajar para poder comer, se pueden producir situaciones cuando menos curiosas. Si entendemos al trabajo como la "actividad humana de interacción con la naturaleza para producir bienes y servicios útiles para la vida", sería conveniente plantearse en qué medida realiza un trabajo "útil para la vida" los 20 millones de personas que se estimaba que trabajan en la industria de armas en Estados Unidos a mediados de la década de los noventa. Y, rizando el rizo de las incoherencias, podríamos pensar que sería muy poco deseable que se terminaran las guerras en el mundo, pues ello haría disminuir la demanda de puestos de trabajo, y por lo tanto enviaría a mucha gente al paro. Lo que parece bastante claro es que las personas necesitan sobrevivir, y si para ello necesitan trabajar, la mayoría hará lo que sea con tal de trabajar. Y ello, indudablemente, puede llevar algunas situaciones cuando menos curiosas.
Incidiendo en la línea del desempleo causado por la evolución de la tecnología, muchos autores han planteado que el futuro será el del fin del empleo (Rifkin). El continuo desarrollo tecnológico hace que la cantidad de trabajo humano necesario para producir bienes y servicios sea cada vez menor. Desde luego, basta comprobar la cantidad de trabajo que era necesaria para alimentar a una población hace 50 años y la que es necesaria ahora. Por tanto, la función del mercado de trabajo centrada en suministrar fuerza de trabajo al sistema productivo pierde importancia, si bien la sigue manteniendo, incluso incrementando, la de asignar recursos a los individuos. Por ello, autores como Beck llevan más de una década planteando que se debe separar el acceso de los individuos al mercado de trabajo de su acceso a los bienes y servicios. La idea de la Renta Básica es que todos los individuos, por su mera pertenencia a una sociedad, tengan derecho a un salario ciudadano, que sea independiente de su pertenencia al mercado de trabajo (http://es.wikipedia.org/wiki/Renta_básica universal), lo cual supone un replanteamiento completo del Estado del Bienestar. Aunque es una idea que tiene más defensores entre posiciones políticas cercanas a la izquierda, también los tiene entre la derecha liberal. En vez de montar un complicado aparato estatal, con el elevado coste que ello supone, para comprobar quién está padeciendo una situación de necesidad (y la polémica acerca del banco de reparto de alimentos creada por la idea del Gobierno de Canarias iría en esta línea), se trataría de garantizar a cada ciudadano una "renta básica", es decir, una cantidad para llevar una vida mínimamente decente. Obviamente, eso no implicaría que cada quien no pudiera optar por trabajar, por trabajar de hecho muchísimas horas al día, con tal de lograr una renta que supere por mucho lo "básico". Así por ejemplo, quienes defienden la renta básica desde posiciones cercanas a la derecha liberal plantean que ésta podría animar la emprendiduría: uno se puede animar más fácilmente a montar una empresa si sabe que, pase lo que pase, siempre tendrá un mínimo vital garantizado, como sucede entre aquellos emprendedores que tienen un importante soporte familiar por proveer de familias de clase alta. Por otra parte, ello también podría hacer más fáciles y llevaderas la alternancia entre situaciones de empleo y trabajo (que no desempleo). La renta básica permitiría pues que todos aquellos y aquellas que realizan funciones sociales importantísimas, y que pueden considerarse un trabajo aunque no sean un empleo, como es el caso de las madres y padres que dejan de trabajar para cuidar a los hijos, de quienes dejan de trabajar para cuidar los últimos años de unos padres ya ancianos o, más sencillamente, aquellos que aún están estudiando, o detienen su trayectoria laboral para retomar la formación, perciban una remuneración, y no sean vistos como "ciudadanos de segunda" por carecer de un empleo.
Indudablemente, el planteamiento de la Renta Básica ha generado polémicas, y si no ha generado más ha sido sencillamente porque no se ha hablado mucho acerca de ella. Hay quienes afirman que si las personas tuvieran un mínimo vital garantizado se harían vagos, optarían por no trabajar y ello paralizaría el sistema económico. Sobre esto, el debate existente parece señalar que no sería así. De hecho, resulta obvio que en la mayoría de los países desarrollados la inmensa mayoría de la población no trabaja para conseguir unos "mínimos de subsistencia" y por tanto el que éste estuviera garantizado no sería más que un colchón ante la adversidad. Para otros la Renta Básica, sería una opción poco ética, pues equivaldría recompensar a quienes no trabajan, a quienes no se esfuerzan. En realidad, en situaciones tan sangrantes como la actual crisis económica, los temas de la equidad y la justicia social cobran de nuevo una gran importancia. Y desde esta perspectiva poco puede criticársele a la noción de renta básica. Como ciudadano que paga varios miles de euros al año en impuestos, me parecería en realidad bastante más injusto y menos ético que parte de mi dinero se dedicara a pagar hipotecas o facturas de agua y luz de quienes, viviendo por encima de sus posibilidades, se endeudaron más allá de lo razonable mientras yo vivía de alquiler, que no otorgar a todo el mundo unos ingresos mínimos para llevar una existencia digna. Y, en cualquier caso, estaría dispuesto a que el dinero de mis impuestos se dedicara a paliar las situaciones de necesidad de los más necesitados, pues creo que todo el mundo tiene derecho a una vida digna. Desde este punto de vista, si afirmamos que no se debería implantar una renta básica porque sería como "premiar a quienes no se esfuerzan", tampoco se debería llevar a cabo medidas contra la crisis, pues al fin y al cabo quienes la sufren se "conformaron" con trabajar en determinados sectores mientras otros nos "esforzábamos" por encontrar un empleo estable en sectores menos sensibles a la crisis. En cualquier caso, y aunque la Renta Básica pueda no ser la solución, esta crisis debería hacernos reflexionar acerca de cómo repartimos la riqueza que existe en las sociedades entre los miembros de la misma. Y el mercado de trabajo parece presentar importantes problemas para cumplir con esta función, pues podríamos acabar deseando que se generaran guerras para crear empleos. Crisis, etimológicamente, significa "momento de cambio". Parece sin duda necesario aprovechar este momento de crisis para repensar nuestras sociedades. Y para ello es sin duda necesario repensarse cómo se organiza el trabajo en las sociedades modernas.
Manuel Ángel Santana Turégano
Doctor en Sociología,
Departamento de Sociología, Universidad de La Laguna
1 comentario:
Apoyo lo dicho pero me gustaría puntualizar un detalle que ahora mismo se está haciendo cada vez más patente. Cuando uno dice que no está conforme con apoyar a aquellas personas que se endeudaron más alla de sus posibilidades, hay que recordar que a muchos de los que firmaron una hipoteca, les vendieron una propuesta que en el momento que la aceptaron, era lógica y rentable: "si pago 500 de alquiler, que es dinero a fondo perdido y puedo pagar 600 o 700 de hipoteca para al final tener un inmueble propio y entre mi pareja y yo ingresamos entre 1700 y 2000 mensuales, y el banco me considera viable ¿por qué no hacerlo?" Nadie contaba con un aumento de esos tipos variables y con el paro. El resultado de la crisis de los banqueros avariciosos ha conseguido que esa misma familia ingrese mil o menos si uno o ambos están parados y su hipoteca ha subido a casi el doble y empieza la espiral para abajo. Los que provocaron esa situación no sufren sus consecuencias tanto como las víctimas, que son muchas familias que van a quedarse sin vivienda, perdiendo todo lo invertido y con la necesidad de encontrar un alquiler y el dinero para al menos dos meses para poder entrar. Sus ilusiones de contar con casa propia se han roto también. Acaban pidiendo apoyo familiar o beneficiencia.
Soy de los afortunados que ya tiene mi casa paga, pero me puedo poner en la piel del que pensó buena idea hipotecarse. Lo que no es lógico es que las viviendas cuesten tan caras ni que las hipotecas sean tan costosas. Hace 40 años una familia podía tener su casa paga en 15 años, ahora es raro que sea por menos de 30!
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